miércoles, 28 de marzo de 2012

Leonarda Cianciulli, la Jabonera de Correggio

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Leonarda Cianciulli fue una asesina en serie italiana, conocida como "la Jabonera de Correggio".

Nació en Montella, en el centro-sur de Italia, el 14 de noviembre de 1893. Fue fruto de una violación, por lo que su madre siempre la odió y la hizo pasar un infierno de infancia. Durante su niñez, Leonarda intentó suicidarse dos veces.




En 1914 se casó con Raffaele Pansardi, un funcionario de Correos. Pero sus padres no aprobaron este matrimonio, pues habían planeado casarla con su primo. La pareja se mudó a un poblado llamado Lariano en Alta Iprinia. Tras un terremoto, perdieron su casa y se trasladaron a Corregio.


Leonarda se quedó embarazada 17 veces: en 3 ocasiones sufrió "abortos involuntarios", 10 de sus hijos murieron durante su niñez, y tan solo 4 sobrevivieron. Siempre les sobreprotegió por miedo a ser perseguida por la maldición de su madre, que tanto la odiaba. Así que cuando su favorito, Giussepe, se alistó para luchar en la II Guerra Mundial, su vida dio un cambio total:

Entre 1939 y 1940  Leonarda Cianciulli asesinó y descuartizó a tres mujeres para fabricar jabones. Sus víctimas eran vecinas de mediana edad, a las que convencía de poder rejuvenecerlas con tratamientos faciales.


La primera, Faustina Setti, era una mujer soltera a quien le dijo que la ayudaría a conseguir marido. La drogó con una copa de vino y la mató con un hacha, cortándola en nueve pedazos que colocó en una olla. Añadió 7 kilos de sosa cáustica, agitó la mezcla y la vertió en cubos para hacer jabones con los restos. Además, dejó que la sangre de su víctima se coagulase, y la mezcló con harina, azúcar, chocolate, leche y huevos para hacer pastelillos. Los sirvió como acompañamiento del té para sus visitas, aunque ella y uno de sus hijos también les probaron.

A Francesca Soavi, la segunda, la engañó diciendo que le había encontrado un trabado en una escuela de otra ciudad. Francesca la acompañó a casa para escribir postales a sus amigos contándoles la noticia. También a esta le echó droga en el vino para sedarla y la mató con un hacha, haciendo jabón con sus restos.

La última de sus víctimas fue Virginia Cacioppo, una exsoprano que había cantado en La Scala. La convenció de haber encontrado un trabajo como secretaria en Florencia para ella. De nuevo, siguió su patrón: somníferos en el vino, descuartizarla con un hacha y hacer jabón con sus restos. Pero esta vez, a la cuba de jabón le añadió un frasco de colonia, y, tras llevar a ebullición la mezcla, hizo un jabón cremoso que vendió en barras a sus vecinos y conocidos. También había mejorado la receta de los pastelitos, y eso lo atribuyó a que su última víctima era una mujer muy dulce.

La cuñada de Virginia Cacioppo empezó a sospechar de su desaparición y avisó a la policía, que tras una serie de investigaciones obtuvo una confesión de Leonarda declarando que había convencido a sus vecinas de darlas una mejor vida, y que había hecho jabones para obtener algunos ingresos. 

Fue juzgada tras la II Guerra Mundial y condenada a 30 años de prisión y 3 internada en un asilo mental de Pozzuoli, donde murió en 1970 por una apoplejía cerebral.

Las herramientas que usó en sus crímenes, incluyendo el bote en el que hervía los cuerpos, se exhiben en el Museo Criminológico de Roma.


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